Cultos

Solemne Septenario Doloroso

El principal y más antiguo culto de la Hermandad.

El Solemene Septenario de Dolores es el principal y más antiguo culto que tiene lugar cada año en el calendario litúrgico de nuestra hermandad y de nuestro pueblo, junto con la Novena del Patrón San Gregorio.

Acontece desde el sábado víspera del Domingo de Pasión hasta el Viernes de Dolores, día grande de la hermandad, día que se celebra la Función Principal de Instituto. También es de los más antiguos que se sigue celebrando en Alcalá, junto a la Novena de San Gregorio.

Cada noche, en la Iglesia Parroquial a donde ha sido trasladada la Virgen Santísima en su paso de las letras de plata de 1753, se rememora uno de los siete dolores que padeció Nuestra Señora, según la tradición cristiana, y que son los siguientes:

  1. La profecía del anciano Simeón.
  2. La huida a Egipto.
  3. La pérdida del Niño Jesús en el templo.
  4. Encuentro de la Virgen con Jesús en la calle de la amargura.
  5. Crucifixión de Nuestro Señor Jesucristo.
  6. Descendimiento de la Cruz.
  7. Entierro de Jesús

El Viernes de Dolores por la mañana se celebra Función Solemne, con colecta de Caridad, Protestación de Fe y ofrenda floral. Por la noche, se realiza el último día de Septenario, con exposición del Santísimo y Procesión Claustral por el interior del templo. A su finalización, se realiza el besamanos de Nuestra Señora, sustituido desde la pandemia por una veneración pública. Últimamente se ha recuperado el gesto simbólico del beso.

PRECEDENTES HISTÓRICOS. La hermandad en el siglo XVIII.

Don Andrés Adame Zambrano, regidor perpetuo de la villa de Alcalá del Río, y mayordomo de la Fábrica Parroquial, en 1743 lega las letras de plata del paso de la Virgen con la siguiente leyenda: «STABAT MATER DOLOROSA IUXTA CRUCEM LACRIMOSA«. También sería el propio Andrés Zambrano quien legara las tierras de los Picones así como una donación económica para sufragar la hechura de un nuevo retablo a la Virgen en 1768. Este retablo se encuentra hoy día en el presbiterio de la Capilla de San Gregorio donde podemos hallar a la Virgen de los Remedios desde las obras acometidas en dicho templo y finalizadas en el año 2024.

INSTAURACIÓN DEL SEPTENARIO.

En 1810, el matrimonio formado por José Antonio Zambrano de la Parra y Figueroa de Ortiz acude a Madrid a pujar por unas tierras que habían sido desamortizadas a la hermandad.

En el año 2019, gracias a los documentos que han legado a la hermandad las Sras. Rosa Conradi Zambrano y Mercedes Zambrano Ibarreta, hemos podido acceder a una magnífica colección de documentos que han clarificado mucho más cómo fue el proceso para la instauración del Solenme Septenario.

Don José Antonio Zambrano era mayordomo de la Soledad a finales del siglo XVIII, justo en el momento que la hermandad sufrió la desamortización de sus bienes inmuebles. El referido José Antonio decidió acudir a la puja por esas tierras con el objetivo de comprarlas y vincularlas de nuevo a su hermandad de la Soledad. Hay que destacar que la familia Zambrano siempre ha sido la gran benefactora de la historia de la hermandad entre los siglos XVIII y XIX.

En 1811, José Antonio Zambrano de la Parra (sobrino de Andrés Adame Zambrano) y su esposa Ana Velázquez establecen en su testamento que a aquel de sus 7 hijos al que le tocase en suerte la tierra de los Picones debía destinar parte de las rentas que se obtuviera de la misma a sufragar un Septenario a la Virgen de los Dolores.

En el libro de acuerdos, el primer año redactado, 1821, ya recoge gastos del septenario.

En dicho libro de acuerdos, en 1823, se deja constancia de que se ha hecho el septenario, aunque ese año no hubo cofradía (sin mencionar por qué).

Además, se deja constancia escrita de la dualidad en la denominación de la Virgen, a la que en unas ocasiones se la llama “de los Dolores” y otras veces “de la Soledad”.

En las reglas de 1832 se deja constancia escrita de la obligatoriedad de realizar este importante culto:

“tiene la obligación esta hermandad, esto es el mayordomo, de hacer todos los años el septenario de Dolores, sin que en esto haya falta ni disculpa, pues la hermandad cuenta con una posesión que está solo destinada para este fin, y si por un efecto de casualidad se pasase un solo año sin hacerlo, en este caso el Domingo de Ramos se citará a cabildo para que se nombre nuevo administrador. Además que somos de parecer que los mayordomos en sus años sean los administradores, y luego que cumplan su tiempo entre los de más efecto de que se haga cargo al entrante tomará posesión de dicha finca con dicha obligación”.

En el año 1838, nos encontramos con una solicitud al arzobispado de un predicador para el septenario y Viernes de Dolores de 1838:

“don Fernando Criado Freire, vecino de la villa de Alcalá del Río, en nombre de la hermandad de Nuestra Señora de los Dolores de la misma, con el debido respeto, expone a Vd que en las semanas santas de cada año acostumbran a celebrar la Función de la Señora, con toda la solemnidad posible, y para ello han procurado llevar a su costa un predicador de los de mejor nota de esta ciudad u otra parte, …. “

La respuesta del Arzobispado fue clarificadora: “en atención a lo que se expone, se concede a la hermandad la licencia que pide, con tal que el predicador que elija para el sermón esté habilitado con este arzobispado…”

LOS PATRONOS DEL SEPTENARIO

La tierra de los Picones recae en 1811 en la persona de Antonio Eugenio Zambrano Velázquez, que se convierte en el Primer Patrono del Septenario de Dolores. Más adelante, al testar Antonio Eugenio en 1848, la tierra pasa a su hijo José Zambrano García-Rull, que se convierte en el Segundo Patrono del Septenario de Dolores. Después, la tierra pasa a Manuel Zambrano García-Rull, soltero, tercer Patrono. Y por último, la tierra pasa a su sobrino José Zambrano Zambrano, que pasa a vivir en Sevilla, pero que mantiene su compromiso anual de costear el Septenario hasta su fallecimiento en 1935. Cuarto Patrono.

En el testamento de Antonio Eugenio Zambrano de 1848, encontramos lo siguiente: “… en uso de las facultades que la ley me concede, mejoro en el tercio de mis bienes a mi hijo José, para que además de su legítima que recibirá como sus hermanos, lo lleve para sí; y le suplico continúe con la devoción mía de hacer el septenario a la Virgen de los Dolores, en los términos que yo lo hacía, y atendiendo al cuido y asistencia de la capilla de Nuestra Señora del Rosario, la cual fue labrada por la familia”.

Los patronos Zambrano sufragan los gastos del culto, año tras año. Esto lo sabemos gracias a la fortuna de contar con los documentos originales de facturas pagadas por dichos Zambranos, desde 1870 hasta 1935. Como se comentó anteriormente, esto ha llegado a nosotros recientemente gracias a la donación de sus familiares Doña Rosa y Doña Mercedes.

Doña Josefa Naranjo Zambrano (finales siglo XIX) dona a la hermandad el manifestador de plata. Ella lo había recibido en herencia de su marido, don Fernando Zambrano Zambrano. Así consta en el testamento de don Fernando. Obra magnífica de plata repujada, datada a finales del siglo XVIII, cincelada por Joaquín de Flores, según muestra el punzón.

A finales del siglo XIX, el Septenario ya se realiza en la Iglesia. Lo podemos certificar en base a los Reglamentos del cura Zambrano (1897-1907), donde ya consta que la Virgen hace la bajada y la subida.

En época del cura Zambrano se embellece el Septenario con la adquisición del dosel.

El septenario en el libro de reglas de 1907.

“… artículo 5: tendrá el deber de celebrar solemnes cultos religiosos el día de su festividad, y el de sus Dolores Gloriosos, y la procesión por las calles de esta villa el Viernes Santo de cada año, haciendo estación en la Iglesia Parroquial”.

“… artículo 6: si por circunstancias imprevistas desapareciese la memoria que costea el septenario de Nuestra Señora, la hermandad procurará no deje de celebrarse todos los años en esta Iglesia Parroquial”

Se editan las primeras estampas de recordatorio en 1911.

Siempre ha habido septenario, incluso en la II república y años de la guerra. Ahora en pandemia también se ha realizado. En 2020 pudimos asistir desde nuestras casas, confinados por indicaciones gubernamentales a causa del Covid-19. Cada noche, varios hermanos acudían a San Gregorio para que tuviera lugar el culto, y era retransmitido por internet.

En 2021, con las restricciones aún vigentes, pero ya con posibilidad de salir hasta ciertas horas, la Junta de Gobierno envió una carta a los hermanos, para la mejor organización de los asistentes, puesto que había limitaciones de aforo (solo tres personas por banco), por lo que se pidió colaboración y los hermanos debían solicitar por whatsapp los días a los que quería acudir, mientras que la Función del Viernes de Dolores se reservó solo para los más mayores de la hermandad. La Virgen fue trasladada de forma íntima desde San Gregorio a la Iglesia, y de igual forma reservada volvió a San Gregorio.

Gracias a Dios, en 2022 se recuperó la total normalidad, aunque fuera aún preciso el uso de mascarillas en interiores.

El Solemne Septenario Doloroso siempre ha contado con los mejores oradores y predicadores, como los Padres Capuchinos, quienes acudieron durantes varios años a predicar cada noche.

En 1952, Fray Emilio María de la Vega predica de tal forma que la junta decide nombrarlo Hermano de Honor. Y este padre capuchino solicita para la hermandad una bula pontificia de bendición a todos los hermanos de la Soledad, la cual puede comtemplarse en la capilla de la hermandad. El viernes de dolores de ese año, durante la función se impone a la Virgen la corona grande de Seco Velasco, repujada en ambas caras.

Cada noche de Septenario, acompaña el coro de la Hermandad, del cual hay constancia desde el siglo XIX. Además, el coro siempre ha contado con los mejores compositores y organistas de Sevilla, incluídos los organistas de la Catedral. Esto hizo que a finales del siglo XIX la Hermandad se hiciera con un original de las coplas de los Dolores del compositor y musicólogo Miguel Hilarión Eslava, quien las compusiera para la Virgen del Valle de la capital. Estas coplas se cantaban cada noche de septenario.

Como se ha comentado anteriormente, incluso en los años de la guerra se celebró este importante acto para los hermanos de la Soledad, según cosnta en los libros de de tesorería de la Hermandad.

El primer besamanos se realizó en el año 1930, quizás, influido por la reciente corriente creada en la capital sevillana por diferentes hermandades.

La primera procesión claustral realizada fue en el año 1943, tal y como consta en el cartel que la hermandad publicó con los actos del septenario.

En el año 2012 la Hermandad conmemoró el 200 aniversario de la institución del Septenario, llevándose a cabo una serie de actos por tal efeméride. Además, desde ese año, cada Viernes de Dolores se rememora y se pide por las almas de los Hermanos Zambranos, benefactores y patronos del Septenario.

Desde 1981, se celebra el Pregón el domingo de septenario por la mañana, habiendo faltado tan solo en el año 2020, por la pandemia.

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